
Como siempre, soy víctima de mi falta de control. Soy víctima de mi pasión, de mi desenfreno y de mi ganas de que no sobre energía. Pierdo tiempo y le rezo a mi razón, para que no me gane la desesperación, mientras le prendo velas a algo que pare la imaginación. Pero prefiero hacer las cosas a mi modo, aunque haya dolor. Me pregunto; ¿Qué más da, si al final siempre es igual?
Entonces me convenzo de que hay que afilar los dientes y salir a pelear; y así, de repente, mi entusiasmo, tiene precio.
Entonces me convenzo de que hay que afilar los dientes y salir a pelear; y así, de repente, mi entusiasmo, tiene precio.
En la foto: siempre mdq
No hay comentarios:
Publicar un comentario