lunes, 4 de mayo de 2009

Neruda





XXIV

Amor, amor, las nubes a la torre del cielo
subieron como trinfantes lavanderas,
y todo ardió en azul, todo fue estrella:
el mar, la nave, el día se desterraron juntos.

Ven a ver los cerezos del agua constelada
y la clave redonda del rápido universo,
ven a tocar el fuego del azul instantáneo,
ven antes de que sus pétalos se consuman.

No hay aquí sino luz, cantidades, racimos,
espacios abiertos por las virtudes del viento
hasta entregar los últimos secretos de la espuma.

Y entre tantos azules celestes, sumergidos,
se pierden nuestros ojos adivinando apenas
los poderes del aire, las llaves submarinas.

En las Fotos: ¿Los paisajes que inspiraron a Neruda? Quizás...

1 comentario:

Anónimo dijo...

beautiful!